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Hoy el día amaneció frío, a pesar de ser verano, pues la noche anterior había llovido.
Me dispuse a levantarme, aún era temprano pero aun así tenía cosas que hacer, parecía que esta sería una larga jornada.
Estaba realmente cansada, la noche anterior me acosté tarde, pues estuve preparando un trozo de tela para coserlo durante el camino en la jornada del día siguiente. Pero debía levantarme sin perder tiempo si no quería retrasarme en mis tareas.
Durante la mañana estuve largo tiempo de camino al instituto, había que entregar unos papeles para poder registrarse en el curso siguiente, otro tanto tiempo gastado esperando mi turno en la cola para entregar dichos papeles, y de nuevo de vuelta a mi hogar.
Al llegar ya había terminado de coser el trozo de tela que había preparado el día anterior.
Estaba realmente cansada, me dolían los ojos y mi único deseo era poder echar una cabezadita, pero la suerte quiso que en ese momento mis superiores se pusieran de mal humor, gritando a todo aquel que pasaba por la casa.
Así pues seguí cosiendo, hasta que finalmente terminé. Era un regalo para la fiesta de un amigo, era su cumpleaños.
Ah… los cumpleaños… aquella fiesta en la que el ego de un ser humano debe ser alimentado con regalos, comida y alegres canciones que desean felicidad (o desgracia) al susodicho humano…
Realmente no me gustan demasiado estas celebraciones, siempre hay algún individuo que provoca que mi estado de ánimo cambie bruscamente, entrando así en un estado de ira difícilmente controlable.
En esta celebración se recomendaba ir con camisa y corbata, dado que el tema de la fiesta era la antigua mafia italiana. De este modo me dirigí al lugar de encuentro ataviada con camisa beige, corbata (de teclado musical), pantalones negros con cadenas y mis viejas pseudo-convers negras.
De camino al sitio indicado, poco me faltó para pasarme de parada, cada vez estaba más cansada, luchaba por mantenerme despierta, hacía tiempo que no veía a mi amigo y quería darle su regalo, que su tiempo y esfuerzo me costó.
Finalmente llegué a aquel lugar, no imagináis cual fue mi sorpresa al ver que era la única que iba vestida de esta guisa. ¿Tan costoso era haberse vestido para la ocasión? Supongo que no a todos les ilusiona poder sacar de paseo a sus camisas y corbatas después de tenerlas en el armario cogiendo polvo.
Un rato después llegó el protagonista de la fiesta, ataviado con camisa morada, corbata negra con cadenitas y demás ropajes al estilo mafioso. Me alegró verle, ya no sólo por ir vestido de esa manera, si no porque en el fondo… yo también le había echado de menos.
Reprimiendo mis ganas de darle el regalo para ver cuanto antes su reacción, nos dirigimos hacia el centro comercial. Cuán desagradable fue la sorpresa al ver que el sitio en el cual planeábamos merendar estaba plagado de gente.
Después de eso decidimos ir a otro centro comercial, para ver si con suerte ese mismo local estaría más vacío allá donde íbamos.
En el camino tuve una interesante charla con otro amigo sobre épica fantástica, principalmente sobre dragones. Fue una charla realmente entretenida, en la cual participamos ambos, no fue un monólogo, como acostumbran a convertirse las conversaciones en las que tengo el placer o la desgracia de participar, en las cuales el otro interlocutor se explaya dándome su extensa opinión acerca del tema en cuestión.
También recordé diálogos de alguna película con un amigo, me sorprendí gratamente al descubrir que ambos nos sabíamos los mismos diálogos, de nuevo me sentí integrada en la conversación.
Cuando por fin llegamos al centro comercial, llegó la odisea de los montaditos…
Pasaron eones hasta que todos decidimos qué querríamos comer, qué bebida elegiríamos y, por supuesto, hasta que finalmente nos trajeron todo el pedido. Para ser comida ya preparada realmente parecía que tuvieran que traer el pan de exportación para darnos lo que habíamos pedido…
Mientras esperaba la merienda, otro malestar me invadió por completo, tenía un hambre feroz, bastante más hambre que sueño de hecho…
Y llegó la hora de abrir los regalos. La reacción fue mejor de lo que esperaba, pues haber envuelto el regalo en papel de periódico (no me quedaba papel de regalo en casa) le dio cierto toque cómico al regalo. También cabe a destacar que era el único regalo que estaba envuelto, así pues no quedó demasiado desagradable la presencia de aquella hoja de periódico que envolvía el regalo.
Finalmente, tras merendar, mi estómago se calmó y mi cabeza empezó a adormecerse, todo a mi alrededor parecía ir lento y aburrido.
Miré la hora, ya era demasiado tarde para volver a casa antes de que mi ángel se fuera a dormir, además de que el metro había cerrado sus puertas hace algunos minutos.
Alcé mi cabeza y leí un gran cartel que anunciaba que había wifi libre por la zona, así pues me dispuse a conectarme con mi móvil para decirle a mi ángel que no llegaría a casa a tiempo, pero que estaba bien, en el cumpleaños de un amigo aún.
Cierto es que me entretuve más de la cuenta, hablé también con mi hermana y otro amigo que por allí pasaba, además de relatarle a mi amado como me había ido la tarde, así como lo delicioso que sabía el último montadito que me estaba comiendo.
Otro amigo sentado a mi lado en la mesa advirtió que había estado largo tiempo conectada desde mi móvil, y también que no participaba en ninguna conversación, así pues se vio con derecho, junto con otro chico que apenas conozco, a regañarme por mi comportamiento.
No recuerdo exactamente qué fue lo que me dijeron, pero alegaban que no participaba en las conversaciones, me quedaba callada y encima me abstraía utilizando mi móvil.
Intenté hacer caso omiso a sus comentarios, sólo quería irme a casa, y dormir cómodamente abrazada a mis peluches.
Amablemente un amigo me acercó a casa en coche, no sin antes recordarme cuán mal había sido mi comportamiento aquella tarde. A lo cual le respondí infinitas veces que había dormido poco, dado que había estado varias horas cosiendo el regalo de nuestro amigo cumpleañero. Pero eso no pareció ser excusa, él había dormido menos que yo y estaba como una rosa.
Estimado amigo, esto es probable que sea causa del café o de nervios varios, yo ni tomo café ni estoy nerviosa, por lo que el sueño me pudo en esta ocasión.
Al llegar a casa aún no había terminado la jornada, quisieron hacerme fotos para recordar que volví a ponerme camisa y corbata.
Después me puse el pijama y no logré parar de darle vueltas a lo sucedido el día de hoy…
Ahora escribo esto mientras abrazo mi peluche nuevo, es muy suave y blandito, me calma cuando me siento sola…
Para evitar problemas… dejaré esto aquí, las conclusiones a las que haya llegado referentes a la amistad, las cosas que provocan que una conversación sea agradable y entretenida y q no acabe siendo un monólogo, el porqué de las traiciones, las puñaladas traperas, la gente falsa, etc… me las ahorraré.
--------------------------Y para compensar un texto tan tristón, un montón de monosidad!
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