lunes, 25 de julio de 2011

¿Otro mal sueño?

Otra entradita más por aquí =3
Esto es algo que escribí hace poco, espero que nadie se sienta ofendido pues como dice el dicho "Quien se pica ajos come"

-----------------------------------

Hoy el día, como tantos otros, pareció amanecer claro.
Como todas las mañanas, me dispuse a mirar por la ventana el hermoso día que se avecinaba.
Pero para mi sorpresa, aquel día iba a ser diferente a todos los demás… Para empezar, aquella ni siquiera era mi casa.
Me encontraba en una pequeña cabaña, hecha con troncos de madera torpemente tallados. Me dolía mucho la espalda, al parecer había estado durmiendo sobre un montoncito de paja, el cual había terminado cediendo, haciendo así que mi frágil cuerpecito dormitara durante la noche sobre el frio suelo de piedra.
Por lo que logré ver a través de la ventana, dicha cabaña estaba situada a las afueras de una ciudad, no podría decir con exactitud de cual ciudad se trataba.
Así pues me dispuse a salir de la cabaña, sacudiéndome la ropa de los restos de paja y mugre que se me habían pegado durante la noche, y me dirigí hacia el centro de la ciudad, en busca de algún tipo de información que me dijese dónde me encontraba.
Según avanzaba por la ciudad, más oscura y siniestra se iba haciendo ésta. De vez en cuando lograba ver a algún lugareño, el cual huía despavorido al acercarme a éste para preguntarle dónde me encontraba.
Esta situación se siguió repitiendo a lo largo del día, haciéndome enfurecer cada vez más, pues no entendía el motivo de éste absurdo comportamiento, ¿acaso también había cambiado mi apariencia mientras dormitaba y ahora me parecía al más terrible monstruo salido de las profundidades del Averno?
Finalmente llegué a una plaza, curiosamente igual de vacía y gris que el resto de la ciudad.
En el centro de la plaza una fuente escupía agua alegremente, al verla me acerqué a ella para comprobar que mi rostro seguía siendo el de ayer. Para mi sorpresa, mi rostro seguía igual de horrible que el día anterior, el mismo acné y las mismas ojeras, lo de siempre.
Entonces… ¿por qué huían de mí de esa forma?
Alcé la cabeza y pude verlo… En cada fachada de cada edificio cercano había carteles con mi foto y mi nombre, rezando lo siguiente “Esta persona escapó del manicomio hace apenas una semana, si la ven informen a las autoridades,  está armada y es peligrosa, no se acerquen”.
Al ver esto comprendí porqué la gente huía despavorida de mi, pero… yo nunca había ido siquiera al psicólogo, estaba sana cual manzana, ¿quién habría ensuciado mi nombre con tales falacias?
Pero no tuve mucho tiempo para pensar, pronto pude oír a una enfurecida multitud gritando mi nombre, además de montones de adjetivos desagradables.
En principio no iba a huir, debía aclarar que no eran ciertas tales acusaciones, un historial médico podría probar que estaba diciendo la verdad.
Mientras pensaba en todo esto una piedra del tamaño de un puño me pasó silbando cerca de la oreja, debía huir mientras pudiera, aquella gente no se pararía a escucharme, era como si supieran de buena tinta que yo había matado realmente a alguien, o que en su defecto había hecho cosas demasiado escalofriantes y terribles como para ser contadas.
Eché a correr calle abajo mientras escuchaba los gritos de la gente, debía esconderme y marcharme de ese lugar, empezar de nuevo en otra parte.
Al llegar a un callejón sin salida, presa del pánico, derribé una puerta de lo que parecía ser un viejo almacén.
Allí busqué un sitio donde esconderme, alguna caja donde meterme sigilosamente hasta que todos se fueran, abandonando así su búsqueda, pero lo que encontré en aquel lugar me puso los pelos de punta…
Allí había armas, armas típicas de un rol de D&D o 7º mar, dando por hecho que ninguna de éstas sería un arma mágica, por supuesto.
Traté de ignorar este encuentro y me dispuse a buscar un escondite, pero entonces una voz en mi cabeza comenzó a dialogar conmigo
-          ¿No piensas defenderte? Con cualquiera de esas armas afiladas podrías hacerles callar para siempre, y entonces te temerían con razón.
-          Pero… Yo no soy así, no he hecho nada malo… si les hiciera algo les daría motivos para encerrarme
-          ¿Y qué más da? ¿De verdad piensas que escondiéndote y huyendo se arreglarán tus problemas? ¿Crees realmente que algún día alguien te creerá?
-          ¡No me pondré a su nivel! Tal vez todo esto sea tan sólo un malentendido, pronto se darán cuenta de su error y hallarán al verdadero culpable
-          ¿Y si no hubiera culpable? ¿Y si tan sólo hicieran esto por diversión?
-          Eso es muy cruel… En ese caso… merecerían un escarmiento…
El ruido de una patada en la puerta, rompiéndola totalmente de esta manera, me sacó de mis pensamientos. Cogí una daga de entre aquellas armas y me escondí sigilosamente tras unas cajas.
Entraron dos personas, no logré verles la cara, pero por sus voces se trataban de un hombre y una mujer, ambos bastante jóvenes, aunque ya adultos.
-           ¡Mierda! Parece que ha vuelto a escapar… - dijo el hombre, propinándole una patada a una caja cercana, descargando así su rabia.
-          No te sulfures, no debe andar muy lejos esa desgraciada. Además… realmente no es peligrosa, ¿no recuerdas que fuimos nosotros los que nos inventamos todas esas patrañas que ahora manchan su nombre?
-          Es cierto, ahora esa mugrienta debe estar pensando en alguna manera de escapar, pero nunca lo logrará, nunca debió haberme llevado la contraria, ¡Yo siempre tengo razón!
Después de esto ambos echaron a reír a carcajadas, cuales villanos malvados de película de superhéroes.
Mi ira aumentaba por momentos, mis impulsos me empujaban a blandir aquella daga contra ellos, acabando así con sus infelices vidas, o incluso propinarles duros golpes hasta que suplicaran piedad y clemencia por sus inútiles vidas.
Fui a blandir mi daga, dispuesta a terminar con todo, para empezar de nuevo en otra parte, sin que nadie manchara mi nombre con tales falacias con el fin de arruinar mi vida una vez más hasta el día de mi muerte, pero entonces me detuve…
Eso no solucionaría nada, excepto calmar mi ira, tan sólo me traería problemas, montones de problemas…
Así pues solté mi daga, y me dirigí hacia ellos, con el propósito de hablar sobre lo sucedido, pero habían desaparecido…
Fui a recoger mi daga, para no andar desarmada, pues alguien podría atacarme en cualquier callejón oscuro pensando que soy una gran amenaza, pero en ese momento me topé de frente con una mujer.
Ella era bonita, si fuera la primera vez que la viera hasta pensaría que es una persona buena y amable, pero no era la primera vez que la veía… Podría decirse que tenía cierta némesis con esa mujer… Y no, si alguien más se lo pregunta no es el brillo dorado que se tornó brillo oscuro hace tiempo, era otra mujer…
En ese momento no recordaba su nombre, trataba de pensar en él mientras ella me sonreía maliciosamente, era como si le alegrara verme en aquella penosa situación…
De pronto noté un fuerte golpe en la cabeza y mi mundo se oscureció, mientras escuchaba reír de esa forma maliciosa al par de personas que había escuchado antes, ya recordaba quienes eran…

Me acaba de despertar el móvil, me ha llegado otro sms de movistar, parece que me dormí frente al ordenador de nuevo.
Otra vez me quedé sola en casa, y de nuevo estoy completamente sola, hoy tampoco puede quedar nadie…
¿Habrá sido todo un sueño? ¿O de verdad alguien trata de arruinar mi existencia?
---------------------------------------------------
Y como siempre, al final de cada entrada, un video con musiquita =3

jueves, 14 de julio de 2011

Mushroom

Cierto es que hace tiempo no publicaba nada por aquí, dado que no encuentro temas lo suficientemente interesantes como para escribir más de 4 líneas con cierta coherencia. Así pues relataré aquí cosas que me sucedan, con ese aire poético con el que me gusta escribir =3

-----------------------------------
Hoy el día amaneció frío, a pesar de ser verano, pues la noche anterior había llovido.
Me dispuse a levantarme, aún era temprano pero aun así tenía cosas que hacer, parecía que esta sería una larga jornada.
Estaba realmente cansada, la noche anterior me acosté tarde, pues estuve preparando un trozo de tela para coserlo durante el camino en la jornada del día siguiente. Pero debía levantarme sin perder tiempo si no quería retrasarme en mis tareas.
Durante la mañana estuve largo tiempo de camino al instituto, había que entregar unos papeles para poder registrarse en el curso siguiente, otro tanto tiempo gastado esperando mi turno en la cola para entregar dichos papeles, y de nuevo de vuelta a mi hogar.
Al llegar ya había terminado de coser el trozo de tela que había preparado el día anterior.
Estaba realmente cansada, me dolían los ojos y mi único deseo era poder echar una cabezadita, pero la suerte quiso que en ese momento mis superiores se pusieran de mal humor, gritando a todo aquel que pasaba por la casa.
Así pues seguí cosiendo, hasta que finalmente terminé. Era un regalo para la fiesta de un amigo, era su cumpleaños.
Ah… los cumpleaños… aquella fiesta en la que el ego de un ser humano debe ser alimentado con regalos, comida y alegres canciones que desean felicidad (o desgracia) al susodicho humano…
Realmente no me gustan demasiado estas celebraciones, siempre hay algún individuo que provoca que mi estado de ánimo cambie bruscamente, entrando así en un estado de ira difícilmente controlable.
En esta celebración se recomendaba ir con camisa y corbata, dado que el tema de la fiesta era la antigua mafia italiana. De este modo me dirigí al lugar de encuentro ataviada con camisa beige, corbata (de teclado musical), pantalones negros con cadenas y mis viejas pseudo-convers negras.
De camino al sitio indicado, poco me faltó para pasarme de parada, cada vez estaba más cansada, luchaba por mantenerme despierta, hacía tiempo que no veía a mi amigo y quería darle su regalo, que su tiempo y esfuerzo me costó.
Finalmente llegué a aquel lugar, no imagináis cual fue mi sorpresa al ver que era la única que iba vestida de esta guisa. ¿Tan costoso era haberse vestido para la ocasión? Supongo que no a todos les ilusiona poder sacar de paseo a sus camisas y corbatas después de tenerlas en el armario cogiendo polvo.
Un rato después llegó el protagonista de la fiesta, ataviado con camisa morada, corbata negra con cadenitas y demás ropajes al estilo mafioso. Me alegró verle, ya no sólo por ir vestido de esa manera, si no porque en el fondo… yo también le había echado de menos.
Reprimiendo mis ganas de darle el regalo para ver cuanto antes su reacción, nos dirigimos hacia el centro comercial. Cuán desagradable fue la sorpresa al ver que el sitio en el cual planeábamos merendar estaba plagado de gente.
Después de eso decidimos ir a otro centro comercial, para ver si con suerte ese mismo local estaría más vacío allá donde íbamos.
En el camino tuve una interesante charla con otro amigo sobre épica fantástica, principalmente sobre dragones. Fue una charla realmente entretenida, en la cual participamos ambos, no fue un monólogo, como acostumbran a convertirse las conversaciones en las que tengo el placer o la desgracia de participar, en las cuales el otro interlocutor se explaya dándome su extensa opinión acerca del tema en cuestión.
También recordé diálogos de alguna película con un amigo, me sorprendí gratamente al descubrir que ambos nos sabíamos los mismos diálogos, de nuevo me sentí integrada en la conversación.
Cuando por fin llegamos al centro comercial, llegó la odisea de los montaditos…
Pasaron eones hasta que todos decidimos qué querríamos comer, qué bebida elegiríamos y, por supuesto, hasta que finalmente nos trajeron todo el pedido. Para ser comida ya preparada realmente parecía que tuvieran que traer el pan de exportación para darnos lo que habíamos pedido…
Mientras esperaba la merienda, otro malestar me invadió por completo, tenía un hambre feroz, bastante más hambre que sueño de hecho…
Y llegó la hora de abrir los regalos. La reacción fue mejor de lo que esperaba, pues haber envuelto el regalo en papel de periódico (no me quedaba papel de regalo en casa) le dio cierto toque cómico al regalo. También cabe a destacar que era el único regalo que estaba envuelto, así pues no quedó demasiado desagradable la presencia de aquella hoja de periódico que envolvía el regalo.
Finalmente, tras merendar, mi estómago se calmó y mi cabeza empezó a adormecerse, todo a mi alrededor parecía ir lento y aburrido.
Miré la hora, ya era demasiado tarde para volver a casa antes de que mi ángel se fuera a dormir, además de que el metro había cerrado sus puertas hace algunos minutos.
Alcé mi cabeza y leí un gran cartel que anunciaba que había wifi libre por la zona, así pues me dispuse a conectarme con mi móvil para decirle a mi ángel que no llegaría a casa a tiempo, pero que estaba bien, en el cumpleaños de un amigo aún.
Cierto es que me entretuve más de la cuenta, hablé también con mi hermana y otro amigo que por allí pasaba, además de relatarle a mi amado como me había ido la tarde, así como lo delicioso que sabía el último montadito que me estaba comiendo.
Otro amigo sentado a mi lado en la mesa advirtió que había estado largo tiempo conectada desde mi móvil, y también que no participaba en ninguna conversación, así pues se vio con derecho, junto con otro chico que apenas conozco, a regañarme por mi comportamiento.
No recuerdo  exactamente qué fue lo que me dijeron, pero alegaban que no participaba en las conversaciones, me quedaba callada y encima me abstraía utilizando mi móvil.
Intenté hacer caso omiso a sus comentarios, sólo quería irme a casa, y dormir cómodamente abrazada a mis peluches.
Amablemente un amigo me acercó a casa en coche, no sin antes recordarme cuán mal había sido mi comportamiento aquella tarde. A lo cual le respondí infinitas veces que había dormido poco, dado que había estado varias horas cosiendo el regalo de nuestro amigo cumpleañero. Pero eso no pareció ser excusa, él había dormido menos que yo y estaba como una rosa.
Estimado amigo, esto es probable que sea causa del café o de nervios varios, yo ni tomo café ni estoy nerviosa, por lo que el sueño me pudo en esta ocasión.
Al llegar a casa aún no había terminado la jornada, quisieron hacerme fotos para recordar que volví a ponerme camisa y corbata.
Después me puse el pijama y no logré parar de darle vueltas a lo sucedido el día de hoy…
Ahora escribo esto mientras abrazo mi peluche nuevo, es muy suave y blandito, me calma cuando me siento sola…
Para evitar problemas… dejaré esto aquí, las conclusiones a las que haya llegado referentes a la amistad, las cosas que provocan que una conversación sea agradable y entretenida y q no acabe siendo un monólogo, el porqué de las traiciones, las puñaladas traperas, la gente falsa,  etc… me las ahorraré.
--------------------------

Y para compensar un texto tan tristón, un montón de monosidad!

miércoles, 23 de marzo de 2011

Odio los cumpleaños

¿Sabéis que? Odio los cumpleaños. Pero mi odio no es del todo irracional.
Antes era divertido, jugabas con tus amigos, sin percatarte del dineral gastado en tamaño regalo.

Hoy te invitan a un cumple, procuras ponerte tus mejores galas, y llegar puntual al lugar acordado.
Pero de repente piensas… ¿y ahora qué le regalo?
Y he aquí un problema descomunal: aquello que tanta ilusión le hace, generalmente será algo colosalmente caro.

Miras tu hucha, quedan apenas 5 euros de la paga de la semana pasada, ¿Y ahora qué?
Ahora es cuando una mente brillante, que quiere regalarle la cosa más cara y más guay sobre la faz de la tierra (generalmente esta persona es su pareja), propone reunir dinero para comprarle algo guay. Lo malo de esto es que en ocasiones se quiere llegar a un precio demasiado alto, lo cual hace que nadie quiera participar, y los pocos que participan tengan que pagar un precio demasiado alto.

Pondré un ejemplo de este fenómeno:
Le vamos a regalar a X la ps3, que le hace mucha ilusión (y a mí, no te jode ¬¬)
Somos 20 amigos, de los cuales 10 no vienen x motivos varios (o porque no les sale del pene), 5 “no tienen dinero” y 2 se han puesto enfermos a última hora
Resultado: se paga entre 3 una ps3 y/o se compra una cutrez extremadamente cutre que hace vomitar al cumpleañero de cutre que es dicho regalo.
A ver señores, ese tipo de regalos los hacen única y exclusivamente los padres, nosotros, pobres chavales de corta edad, no tenemos sueldo, ni nómina ni hostias, por tanto no podemos permitirnos pagar eso para que un amigo probablemente desagradecido ni siquiera nos dé las gracias.

A mí personalmente no me gusta hacer eso de juntar dinero para algo carísimo, sólo lo hago cuando la persona en cuestión me cae excepcionalmente bien y/o sé perfectamente qué es lo que voy a regalarle a dicha persona.
Si no estoy segura del regalo que vaya a hacer, prefiero no comprar nada. Gastar dinero inútilmente en algo que probablemente ni le guste ni le haga ilusión ninguna, me parece algo muy estúpido, y trato de evitar hacerlo siempre que puedo (aunque veces las colectas “hiper-chachi-ultra-fantásticas” me obligan a ello).

Veo el hecho de poner dinero para un regalo estúpido como si dijeras “Ey, puse dinero, pero eso no significa que me importes lo más mínimo, total, no me he esforzado”, así que prefiero regalar cosillas hechas por mi (papercrafts, peluches…), es algo original, en lo que puse esfuerzo (unas veces más, otras menos) y… relativamente barato.

Aunque en muchas ocasiones el amigo de turno prefiere el último juego de final fantasy (por ejemplo) antes que tu esfuerzo en un peluche o similar.
Me revienta toda esa gente que te exige que le compres el regalo que quieren, sobre todo cuando hace eones que tenías su regalo (hecho a mano o similar, con sus 20 horas (o más) de trabajo)

En una ocasión hice un papercraft realmente espectacular, había tardado mes y medio en hacerlo. Todos (excepto el cumpleañero) sabían que estaba haciendo ese papercraft, y sabían de su tamaña complejidad. Una semana antes del cumpleaños hicieron colecta para su regalo, me apuntaron en la lista, sin yo saberlo, porque entre 3 no podían pagarlo. Finalmente tuve que pagar mi parte de la colecta.
¿Para qué? ¡Gracias Ari por el papercraft, mola un huevo! ¡¡Muchas gracias chicos por este regalo que me habéis hecho entre vosotros 3!! (WTF?? Hice un gran esfuerzo en todo eso, me quedé en números rojos y perdí varios días de clase para acabar el dichoso papercraft, ¿y nadie lo tuvo en cuenta?)

Yo me parto el espinazo por algunos amigos, me quito horas de sueño, estudio y clase, ¿Para qué? Para que ellos miren de reojo tu regalo, y el día de tu cumpleaños ni se acuerden de ti.

Ahora, estimado lector, seguramente pensarás que soy una egoísta por esperar algo a cambio de mi esfuerzo. Y sí, es cierto, soy egoísta.
Pero ¿sabes que es lo que espero cuando doy un regalo?
Una amplia sonrisa, un gracias entusiasmado y tal vez un fuerte abrazo. Ah, y que dicha persona me trate bien en los meses siguientes, me salude y demás (básicamente, que siga siendo mi amigo/a).

Yo no espero gran cosa en mi cumpleaños, soy bastante pesimista.
Aunque tiendo a pensar “En el cumple de tal persona estuve varios días durmiendo 4 horas para terminar su regalo, espero que lo tenga en cuenta y me regale algo chachi, no necesariamente caro”, y generalmente (el 90% de las veces) me equivoco.
Puedo contar con los dedos de una mano las veces que me han regalado algo por mi cumpleaños que realmente me haya hecho ilusión.

No me gustan demasiado los regalos caros, y mucho menos cuando es algo que no tiene ninguna utilidad, que se quedará en el fondo de un cajón cogiendo polvo.
De hecho, el regalo que más ilusión me ha hecho fue una cartulina enmarcada que decía “Te queremos Ari” y dedicatorias de mis amigos alrededor.
¿Sabes por qué me hizo tanta ilusión? Porque ahí había amor, había esfuerzo y sobre todo, había pruebas claras de que alguien me había estado escuchando sollozar en los últimos meses.

¿Y sabes qué más? Que cambiaría mi alma por recibir en mi cumple un regalo guay hecho a mano.
Me encantaron aquellos hamas de Yoshi y Kirby…

No soy egoísta, tan solo quiero que dejéis de mirar en la cartera y me miréis a la cara, bobitos ._.

----------

Y aquí dejo un video, que no tiene absolutamente nada que ver, pero me gusta =P